Uno y la resistencia

por Uno

Uno se encuentra en el autobús, medio dormido. La radio está encendida y aparentemente en bucle: los papeles de Bárcenas, el corralito en Chipre, el Papa Francisco I de los Pobres, los papeles de Chipre el corralito de los Pobres el Papa Francisco I de Bárcenas el corralito de Bárcenas el Papa Francisco I de Chipre, los papeles de los Pobres. Uno bosteza con sincero aburrimiento, tan sincero como las ganas de atravesar el cristal, igual de autoritario. A veces, entre sueños, a Uno se le escapa lo dramático.

Uno ha dejado la estación hace unos minutos, una estación enorme, atestada de individuos con prisa. Atestada de belleza y de rabia y de desánimo. Atestada de negocios, de partidas, de amores, de celos, de poses, de música intracraneal, de ganas de desaparecer, de superficialidad, de unas cuantas pequeñas y valiosas emociones, no muchas, no supremas, pero agradables en cualquier caso, piensa Uno. Y ahora viene un imbécil de voz profunda, piensa Uno, una voz imbécil a mediocrizar la realidad hablándole a Uno de Bárcenas, el Papa Francisco I de los Pobres, la Crisis, Chipre, todos con unas mayúsculas importantes, unas mayúsculas tan autoritarias como el aburrimiento de Uno y como aquel presidente americano que gritó a los cuatro vientos ES LA ECONOMÍA, IDIOTA. Es tu puta madre, Idiota, piensa Uno, medio dormido, incapaz de soportar las mayúsculas, incapaz de soportar el aburrimiento, incapaz de aburrirse con desdén principesco.

Uno piensa que se podría haber callado todo esto, que a su serenidad le gusta aquello de Pessoa,

No soy nada, nunca fui nada, nunca podré ser nada, sin embargo llevo en mí todos los sueños del mundo,

y que aquí se encuentra, en cambio, vomitando bilis y rabia y verborrea y pensando con insistencia en la economía, esa obsesión nacional cuya recurrencia, como la muerte, parece igualarnos a todos. Intelectuales, camareros, periodistas, basureros, artistas, presidentes de clubs deportivos, todos saben de qué va esta mierda, tío.

Uno leyó hace mucho tiempo La Resistencia, de Ernesto Sabato. E.S. es un tipo que a Uno le cae bien de una forma intuitiva, y La Resistencia le gusta más en espíritu que en significado. Demasiada intensidad, piensa Uno. Demasiada nostalgia y sentimentalismo y romanticismo y esencias y religiosidad. Demasiado demasiado, piensa Uno. Y, sin embargo, a Uno le gusta ese título, La Resistencia, y le gustan algunas frases que le da vergüenza transcribir y, como a E.S., a Uno le gusta Robert Walser y le gustan algunas ideas acerca de lo irrelevante y le gustan muchas otras cosas agradables tras las que Uno se parapeta para no prestar demasiada atención a los imbéciles que gritan todos los días ES LA ECONOMÍA, IDIOTA. Es la Resistencia.

¿Es posible no pensar -piensa Uno- en la economía ni en la política ni en los medios de comunicación ni en las redes sociales ni en la lucha de clases ni en todas las demás idioteces? ¿Es posible no unirse al dramatismo colectivo? ¿Es posible no pensar -piensa Uno- en aquello que se dice no estar pensando?

Uno recuerda a Boris Vian, aproximadamente: está el amor, de cualquier tipo, a las chicas guapas, y está la música de Nueva Orleans. Todo lo demás es feo, y ese feo se lo repite Uno a medida que camina, le parece a Uno una enmienda a la totalidad. Las chicas, sin embargo, son demasiado guapas como para que Chet Baker ocupe en sus vidas un lugar superior al del adorno agregado a su belleza, y demasiado listas como para olvidar que ES LA ECONOMÍA, IDIOTA y que la belleza es pasajera y que hay que abrir el periódico todos los días por la sección de economía. A Uno le resultan asimismo autoritarias. Brinda por ellas.

Uno coge el primero de los libros que acaba de sacar de la biblioteca, justo antes de subir al autobús. Uno piensa que la existencia de bibliotecas depende de los impuestos y estos son un elemento esencial del Estado del Bienestar que quizá sea insostenible si Uno no se decide a hacer algo, y que su propia preferencia por unos determinados libros puede depender de un determinado tipo de educación que procede de un determinado sistema social y de un determinado azar de la lucha de clases y de un determinado instante del sistema monetario, y entonces Uno abre el libro para dejar de pensar en que ES LA ECONOMÍA, IDIOTA.

El libro, E. M. Cioran, Breviario de los vencidos, es tan dramático y romántico y sonrojante como La Resistencia. Por eso, lo que Uno ve en el rectángulo inicial con las fechas de devolución es a un puñado de resistentes anónimos que creen descubrir algo importante en la derrota de Cioran:

10 NOV 2008; 16 NOV 2009; 29 NOV 2010; 7 FEB 2011; 11 MAY 2011; 14 DIC 2011; 5 MAR 2012; 15 ABR 2013. Ese último es Uno, se da cuenta. Otro número, piensa, etcétera.

Y, en la página siguiente, las firmas de los vencidos con la emoción reciente y las heridas abiertas:

“Para aquel que lea este libro, impresionante, tremendo. Todo luz, o más bien oscuridad de existencia, no sé, léelo”.

“Lo escribe más desde la muerte que desde la vida”.

“En tu sangre se deleitan los posos de un Nunca, en tu sangre se descompone el tiempo y una rogativa al diablo te salva de la redención que respondería tu ahogamiento (Cyoran)”.

Uno brinda por ellos, por esos individuos que apagaron la radio y dejaron testimonio de que están resistiendo con la emoción exacerbada y la sensibilidad dispuesta, de que están combatiendo el aburrimiento autoritario que nos apelmaza. Uno está dentro de ese último nos. En medio del vocerío se oye por encima de todo, ES LA ECONOMÍA, IDIOTA, y es difícil resistirse al sentimentalismo fácil de escribir en los libros de cualquier biblioteca un “yo he estado aquí”, un SOY YO, Y NO LA ECONOMÍA, GILIPOLLAS. Uno entiende esto y comparte ciertos principios, y no lo juzga

Uno abre el segundo libro escogido esa mañana. Matar a Platón, de Chantal Maillard, contiene desde el 23 MAR 2005, 27 resistentes. Hay algunos versos subrayados,

no me pregunten por el viento;

o,

que un acontecimiento / al contrario que una idea / nunca puede ser definido.

Uno brinda por todos ellos, también, por los veintisiete, por la inutilidad de las palabras. No apoya Uno ningún sentimentalismo, ningún avance en La Resistencia, ninguna reivindicación de la literatura o de la filosofía o de las humanidades como forma de oponerse a la economía porque eso es también economía. La palabra que lamenta su propia inutilidad, pura economía. Sirva esto como acto puro de resistencia. Como derroche puro de tiempo delante de un par de libros y de un documento de Word.

Uno cierra las ventanas de eldiario.es y elpais.es y todo lo demás es feo. La economía, sobre todo.

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